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29/01/2008 Negra sombra
Releia yo mi entrada "Rebajas de enero" de hace unos días, cuando me topé con esa frase mía, un tanto presuntuosa, sobre lo pueril de insertar letras de canciones en los blog, lo cual tuvo la virtud de producirme dos curiosas sensaciones, a saber: una, el intenso sentimiento de vergüenza por escribir pontificando sobre semejantes cosas, y dos la evocación de la inmensa cantidad de poemas que han sido, andando el tiempo, adaptados a letras de canciones. Respecto a lo primero nada puedo añadir, salvo pedir disculpas a mis escasos, heroicos y apreciadísimos lectores, y respecto a lo segundo, caer en la cuenta de que tal cosa no tiene nada de extraño, pues el concepto de poesía ya conlleva en si mismo el de musicalidad y ritmo, por lo que de ahí a su plasmación en notas solo va un pequeño paso que, por supuesto, numerosos compositores dan. No siempre ese paso es afortunado, claro, como todo en esta vida, pero hay que reconocer que algunas de las adaptaciones han sido memorables. Por mi recuerdo (y seguro que por el de todos vosotros) desfilan gloriosas versiones de Machado, Hernández, Neruda, Lorca o de otros menos conocidos como Goytisolo, Espriu, Blas de Otero y tantos y tantos otros.También, a veces, clásicos como Manrique o Quevedo e incluso algunas casi increíbles desde el punto de vista comercial: ¿Conocéis las adaptaciones de algunos poemas de Góngora por Paco Ibañez o de San Juan de la Cruz por Amancio Prada? La verdad es que hay que tener moral para acometer algo así. Pero bueno... lo cierto es que el resultado no está nada mal, e igual algún día podemos rebuscar alguna de ellas para echarlas un vistazo. Pero no se por qué, lo mismo entonces que ahora, si intento rememorar una asociación lo más íntima posible entre un poema y una música, no puedo evitar el acordarme de una de las mas famosas y antiguas: se trata de "Negra sombra", basada en el melancólico poema homónimo de Rosalía de Castro. El texto se publicó en La Habana en 1880 dentro del libro "Follas Novas", uno de los poemarios más conocidos de Rosalía y el último que publicó en lengua gallega (aunque más tarde publicaría "En las orillas del Sar", ya en castellano). No mucho después, en 1890, el compositor gallego Xoan Montes Capón lo musicó utilizando la forma del "alalá", un aire tradicional gallego cuyos orígenes, dicen, se remontan casi hasta el canto gregoriano eclesiástico, del que tomaría ese ritmo tan característico, monocorde, lento y cadencioso. La composición se estrenó en el Gran Teatro de La Habana en 1892. Desde ese momento, la unión entre "Negra sombra" poema y su música ha sido tan íntima, que casi no parece posible imaginar al uno sin la otra. Basta comenzar a leer el texto para que de inmediato suene en nuestra cabeza la melodía, o viceversa. Como podéis suponer las versiones que desde 1892 se han hecho de "Negra sombra" son casi infinitas, convirtiéndose de facto en una especie de himno oficioso de Galicia. Pero como uno no puede por menos que ser hijo de su tiempo, yo prefiero sobre todas, la que realizaron Luz Casal y Carlos Nuñez para la banda sonora de "Mar adentro". En mi opinión es todo un hallazgo utilizar aquí el delicado timbre melancólico que Nuñez da a todas sus interpretaciones con instrumentos de viento, que a mí siempre me sugiere un toque de lejanía marinera, como de gris día norteño ("o vento que zoa...") en esos pequeños puertos rodeados de verdes montañas brumosas. Eso, unido a la desgarrada pero potente y pulida voz de Casal, pone el contrapunto perfecto a la expresión de suave tristeza añorante que tanto Rosalía como Montes Capón imagino que quisieron expresar en esta obra. Sirva también, ya de paso, para dedicar un pequeño recuerdo a Luz, que atraviesa uno de los peores trances que puede afrontar en la vida en general cualquier persona y en particular una mujer. Esperemos que la ciencia consiga un día alejar para siempre esa negra sombra que sobre ellas se cierne. Leamos y escuchemos... o las dos cosas a la vez:
21/01/2008 Iker y lo sobrenatural
No podía dar crédito a mis oídos. “¡Pero qué coño dice este tío..!” bramé, en un acceso de santa cólera científica, extendiendo los brazos hacia el televisor. Mi hija me miró de reojo indignada: “’Déjame oír lo que hablan, anda, que no me entero con tanto grito..!” Rezongando, volví a prestar atención a la pantalla, en la que un invitado al programa “Cuarto Milenio” del periodista Iker Jiménez, peroraba sobre los misterios del manuscrito Voynich. El invitado había sido presentado como experto en el tema por el director del espacio, aduciendo haber escrito una novela (si, si: una “novela”) sobre el tema de los misterios del manuscrito. Disculpareis que no aporte nombres ni palabras exactas, pues la emisión fue ayer mismo y en aquel momento no estaba mi humor para andar tomando notas, pero una transcripción más o menos próxima a lo que me sacó de mis casillas, sería la siguiente: -Iker Jiménez: “O sea Sr. Fulano, que se ha podido demostrar que los textos del manuscrito cumplen la ley de Zipf”. -Sr. Fulano: “Exactamente Iker: esta ley establece que la frecuencia con que las palabras cortas y largas parecen en cualquier lengua escrita es constante, y se puede ver que se cumple exactamente en el manuscrito” -Iker Jiménez: “Luego el manuscrito tiene sentido". Aquella ya fue la gota que colmó el vaso, ya bastante llenito tras el visionado de unos cuantos programas, en los que varias afirmaciones de este tenor me habían ido creando un cierto malestar. Porque digo yo, en mis cortas entendederas, que el que un escrito cumpla la famosa ley de Zipf, que atiende solo a la estadística de los tamaños de las “palabras”, garantizará, como mucho, que no se trata de una combinación de caracteres al azar, pero de ahí a deducir que el texto tenga sentido, es decir: significado, va un mundo mundial. En otras ocasiones, tanto en esta como en anteriores emisiones, observé que se forzaban de manera un tanto abusiva, desde el punto de vista lógico, las deducciones o las concordancias, y siempre en el mismo sentido: en el de primar descaradamente una explicación sobrenatural o paranormal de los temas tratados. En muchas ocasiones, en el transcurso de debates de este tenor, me ha resultado llamativo que a aquellos que defienden una postura que prime las interpretaciones racionales o al menos una que no introduzca, sin ton ni son, interpretaciones ilógicas o incomprobables, se les (nos) acusa ora de “prepotencia”, ora de “estrechez” o “rigidez” intelectual o incluso, ¡paradoja de las paradojas…!, de estar cerrados a interpretaciones novedosas de los hechos y adoptar una postura “acientífica”. Y yo creo que no hay tal cosa. Lo racional no es opuesto a lo misterioso: si no hubiera misterios (es decir vacíos en nuestro saber) no habría afán de conocer ni, por tanto, ciencia ni racionalismo. No desdeño los misterios. Está claro que los misterios están ahí: que no conocemos, o no conocemos cabalmente, las causas o los antecedentes de gran cantidad de cosas que existen (por ejemplo, el manuscrito Voynich) pero va un mundo de racionalidad, entre intentar establecer la datación o la trayectoria exacta de unos manuscritos, y tratar de dilucidar si provienen de un origen extraterrestre o de una revelación gnóstica. Como muy bien indica Fernando Savater, para conocer la verdad en el ámbito de lo físico se desarrolló lo racional, para el ámbito de lo moral, lo razonable, pero, añado yo, tanto lo racional como lo razonable se basan en la aceptación de que cualquier evento material o moral de nuestro mundo tiene una explicación dentro de un marco de causas y efectos naturales y entendibles. En el convencimiento de que no existen causas sobrenaturales, inexplicables, sobrehumanas o incognoscibles para los fenómenos que nos rodean. Y esto no elimina el misterio, sino que lo hace interesante: ¿Qué sentido tendría luchar para desentrañar una resolución de un Dios omnipotente, o la acción de un extraterrestre ultra evolucionado? Sería mortalmente aburrido, a fuer de inutil. Mejor dediquemos esfuerzo, tesón y paciencia a ordenar y desentrañar las leyes y hechos reales de nuestro mundo. De acuerdo en que esto puede ser muy laborioso y requerir mucho esfuerzo, amén de no producir siempre los resultados que nos gustaría: Ernest Gellner venía a decir que “los sistemas de creencias sobrenaturales son técnicamente falsos y moralmente consoladores. La ciencia es lo contrario”. Estoy convencido de que la creencia en poderes y actos sobrenaturales o es un efecto de la ignorancia, o una consecuencia de la indolencia intelectual. Y creo que la extensión y auge de dichas creencias en la sociedad actual, tan bien formada e informada, es básicamente debida a la segunda causa. Por eso odio este tipo de programas, casi tanto como a los reality show: porque en unos se trata de vender el camelo de que se puede alcanzar la fama sin ningún mérito ni esfuerzo personal, y en otros el de que se puede alcanzar un conocimiento superior sin los lentos y sacrificados métodos del estudio racional. Me repugna que ambos errores se potencien descaradamente y se adule hasta la vergüenza a las personas que los padecen, solo por un afán de aumentar las audiencias, vender panfletos o sonsacar dinero, a sabiendas del daño moral y social que provocan. Estos “profesionales periodísticos del misterio” han sido pillados varias veces en renuncios embarazosos (caras de Bélmez, astronauta Istochnikov, alunizajes Apollo), que hubieran puesto en entredicho (o directamente hundido) a cualquier estudioso medianamente serio. Sin embargo, puesto que el periodismo parece inmune a tales pequeñeces (siempre hay otro que tiene la culpa), tal cosa no parece mermar su audiencia, sino más bien al contrario, se dirían más jaleados por la legión de seguidores de “mente abierta” o “intelectualmente flexibles” o quizá “poco presuntuosos” a los que, para desgracia suya, venden toda suerte de esclarecedores misterios del pasado y el presente. Acabo citando de nuevo a Savater, cuando este cuenta cómo, en una firma de libros, una amable señora le preguntó: -"¿Es usted creyente?" - "Creyente... ¿en qué?"- respondió el filósofo, y la mujer prosigue: "Bueno, no sé... en lo corriente". Y concluye Savater: "Desde luego, señora, claro que creo en lo corriente. En lo que no creo es en lo sobrenatural". Y yo, tampoco. 14/01/2008 Muerte en el olvido
Dice Sánchez Carrón que Alarcos, en su estudio sobre la poesía de Ángel González, señala como en este poema aparecen dos planos de contraste: la realidad gozosa del amor y la entrevista posibilidad de su acabamiento. Estos planos se oponen también en la temporalidad verbal, con el uso del presente para expresar el momento actual de felicidad amorosa (sé, existo, imaginas, soy, crees, miras, etc.) frente al futuro que introduce el sentimiento de temor (me quedaré, verán, será). Alarcos califica las formas de presente de este poema de “remansadas” porque quieren perpetuar un momento feliz, sensación apoyada también con una adjetivación que transmite claridad y pureza. A este momento se contrapone ese futuro amenazador, acompañado por un léxico de tintes negativos que se acumula en el verso final en una enumeración muy típica de la poesía del autor: oscuro, torpe, malo. Es posible que tenga razón Alarcos, sí. Pero yo, que apenas sé de tiempos verbales, sé con absoluta certeza, que solo existo porque tú, mi amor, me imaginas. Y ambos sabemos que solo la magia de seres bondadosos como Ángel González es capaz de rescatar esa oscura verdad del fondo de nuestra alma y ponérnosla en los labios. Jamás habrá dádiva capaz de saldar tan perentoria deuda y por ello nunca, nunca, habrá olvido en su muerte 12/01/2008 Rebajas de enero
Hacía tiempo que no tenía la oportunidad de acudir a un local con actuaciones de música en vivo. Ya sabéis a que me refiero: esos bares de mesitas con lámpara y humo de tabaco, donde canta bajito un chico con guitarra o un grupito de jazz. Los pueblos de provincias (y pequeños, encima) no dan para tantas alegrías. Pero ayer fue un día de aquellos raros, en los que no solo por fin llega eso que te gusta, sino que para más inri, te ves obligado a elegir, mascullando maldiciones, entre los cuatro sitios que, por algún azar del marketing provinciano, programan precisamente ese tipo de actuación. Descartados los que ofrecían la nueva moda de los monólogos, a veces divertidos, pero siempre un poco atosigantes por la excesiva atención que precisan, elegimos esa taberna en la cual nunca habíamos estado, y en la que dos cantautores locales (mas cantantes que autores, dicho sea de paso, lo cual dado el carácter de sus composiciones, casi se agradecía) ofrecían una actuación conjunta. Fue una noche bonita, así como de rebajas de enero, saboreando el placer de la música y el compartir calor, risas, y aplausos mientras en el exterior la llovizna helada barría los cristales de la taberna. Noche también de pequeñas sorpresas o descubrimientos. De esos levemente intranscendentes, pero que nos hacen disfrutar suavemente de las curiosas revueltas que da el mundo. La primera cuando al acercarme a la barra a solicitar los primeros cafés para encarrilar la noche, una sonriente presentadora de telediario local, a la que horas antes había estado votando por internet, con radiante sonrisa (y perfecta dicción, por supuesto) me pregunta “Hola, buenas noches. ¿Qué vais a tomar…”. La sorpresa solo me permitió abrir un 40% más los ojos y tartamudear ligeramente: -“Emmmmm…. Pueeeees… Esteeeee… Do… Dos cafés con leche y una copa de…”- en lugar de : -“¡Caray, Laurita…! ¿Pero qué haces aquí...? Oye: ¡que me ha gustado mucho tu video de TVE!”- que sería lo que me hubiera gustado decir. En fin, cosas de la timidez compulsiva. Al menos que quede constancia. Después, ya metidos en la actuación, una segunda sorpresilla: la cálida voz y el perfecto ambiente que conseguía Pedro Zamorano en sus canciones. No conocía a Zamorano, ni le había oído nunca cantar (al contrario que al otro protagonista del evento Pedro Estébanez), pero su estilo, semejante en timbre y tono al de Ismael Serrano, eran perfectos para bordar los temas del propio Serrano, así como los de Aute, Serrat,Sabina, Fito y demás con los que el ambiente se fue caldeando a medida que la noche iba dando paso a la madrugada. Por su edad, obviamente el repertorio se centraba en los últimos ochenta y primeros noventa, pero los carrocillas agradecimos sus logradas incursiones en la selva setentesca, con una casi perfecta “Mauvaise reputation” de Brassens (en traducción de Paco Ibáñez) y una emocionante “Al alba” de Aute, cantada a dúo con Estébanez. A veces es muy, muy, agradable disfrutar de la creatividad artística de las personas cuando las sientes reales, cercanas y físicas, fuera de los circuitos comerciales y la barahúnda mediática. Pequeños momentos que te reconcilian con el mundo. Imagino que nunca saldrá Zamorano de las actuaciones en nuestra mínima ciudad, ni llegará a rozar ese mundo vertiginoso del estrellato, pero seguro que tendrá un espectador más en su próximo concierto (espero que en solitario, con mil disculpas para el bueno de Estébanez). Y un tercer pequeño hallazgo: un “inédito” de Sabina. Y cuando digo inédito me refiero obviamente a inédito para mí. La verdad es que me emocioné con la versión de Zamorano del tema “Rebajas de Enero”, que nunca antes había escuchado. Después, investigando, he sabido que pertenece al álbum “Juez y parte” de 1985, e incluso he escuchado la versión del propio Sabina en ese disco. Y por paradójico que resulte, me gusta infinitamente más la versión intimista, sencilla y tierna que nos ofreció Zamorano, que la excesivamente orquestada y lejana de Sabina, que le hace perder, en mi opinión, gran parte de la magia que el tema destila. No soy nada partidario de poner letras de canciones en el blog, que siempre me ha parecido una cosa un tanto infantil. Solo habrá habido, imagino, alguna excepción con este o aquel poema que luego ha acabado siendo, malgré lui, letra de canción, pero hoy voy a hacer una salvedad con un fragmento de la canción de Sabina, aunque me cabe la disculpa de que esta vez ha seguido el camino inverso: de letra de canción ha pasado a estar publicada en una de las recopilaciones de poéticas de Sabina (“Con buena letra II”. Ed. Temas de Hoy. Madrid. 2002). Pero doctas excusas aparte, lo pongo básicamente porque me gusta. Mucho. Por razones obvias. Besitos.
Como otras parejas tuvimos historias de celos, Apenas llegó De “Rebajas de Enero”. Joaquín Sabina. 1985
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